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El Plan de Salud de Cataluña 2016-2020 incluye como proyecto singular la "Prevención de la discapacidad en las personas mayores frágiles".


Una de las preocupaciones principales de las personas cuando van cumpliendo años es la de mantener su capacidad para realizar las actividades habituales de la vida cotidiana sin necesidad de ayuda de una tercera persona. Cuando, como consecuencia de problemas agudos o crónicos de salud, aparecen dificultades, hay determinadas ayudas técnicas que pueden ser de utilidad. En los casos en que, a pesar de todo, es necesaria la ayuda de una persona, se deben poner en marcha otros mecanismos de apoyo social.


Desde el punto de vista preventivo ha habido muchas iniciativas exitosas en los últimos años. Las principales han sido la detección y el tratamiento del riesgo cardiovascular y, particularmente, de la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2 o la dislipemia, o la detección precoz de algún tipo de cáncer, como el de mama o el de colon. También se han puesto en marcha campañas importantes con consejos para promover hábitos saludables: actividad física, dieta mediterránea, dejar de fumar o reducir el consumo de alcohol.


Desde hace años, los especialistas en geriatría plantean la posibilidad de identificar a personas que no son dependientes para las actividades de la vida diaria pero que tienen una situación de vulnerabilidad que les hace estar en situación de riesgo de perder la independencia. Se trata de personas, pues, que se encuentran en una situación intermedia entre la salud con autonomía física y mental y la dependencia. El objetivo es tomar las medidas necesarias para detener o ralentizar el proceso que las podría llevar a ser dependientes. La iniciativa del Departamento de Salud expresada en el Plan de Salud de Cataluña va en esta dirección.


La situación de fragilidad es la consecuencia combinada de los cambios propios del envejecimiento y las secuelas de enfermedades crónicas que pueden haber aparecido hace más o menos años. Entre estas enfermedades están la artrosis, las mermas visuales y auditivas, y los problemas cognitivos y mentales, entre otros. Algunas de las consecuencias de la fragilidad son las caídas de repetición, la malnutrición, la ralentización de la función física, como la disminución de la velocidad de la marcha y el aumento de la dificultad para desarrollar las actividades de la vida diaria. Las personas frágiles también tienen índices de hospitalización y de uso de servicios sociales y de salud más altos.


La situación de fragilidad se puede diagnosticar explorando la situación funcional y el rendimiento físico y mental de las personas mayores. Algunas de las pruebas que se realizan para establecer el diagnóstico son la velocidad de la marcha, la fuerza muscular, la evaluación del equilibrio y de la marcha y la evaluación del estado de ánimo y del estado nutricional. Algunas de estas pruebas no son habituales en la práctica clínica pero podrían serlo en un futuro inmediato. Además, en una segunda fase, cuando a una persona se le diagnostica una situación de fragilidad, se deben buscar las causas que la han provocado.


Las situaciones de fragilidad pueden ser reversibles total o parcialmente. Hay dos grupos de tratamientos que pueden mejorar las situaciones de fragilidad. El primer grupo corresponde al tratamiento de los problemas de salud que se encuentren en la fase de diagnóstico. Para poner ejemplos comprensibles: la atención médica del dolor de las extremidades inferiores que no haya sido suficientemente tratado, la corrección o compensación de la presbiacusia o de unas cataratas, el tratamiento de los problemas de equilibrio, el tratamiento de un problema de tiroides, de la pérdida de memoria, de una depresión o de cualquier otra enfermedad que se diagnostique. En segundo lugar, hay remedios transversales que pueden resultar efectivos en todas las personas frágiles. Entre estos, los más importantes son: el ejercicio físico, que incluye ejercicios de fuerza muscular y equilibrio, la nutrición equilibrada teniendo en cuenta todos los nutrientes, pero especialmente la vitamina D (a veces con suplementación) o las proteínas, la revisión de la medicación o el fomento de las relaciones sociales y la estimulación cognitiva.


Todas estas intervenciones, tanto de diagnóstico como de tratamiento, deben ser propuestas y controladas por los profesionales del sistema de salud y, concretamente, por los servicios de atención primaria, con la ayuda de la atención especializada cuando sea necesario.


 


Antoni Salvà


Fundación Salud y Envejecimiento - UAB