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¿Qué es el dolor?


 


La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) define el dolor como «una experiencia sensorial o emocional desagradable asociada a un daño real o potencial en un tejido, o descrito en términos de dicho daño».


El dolor es una experiencia sensorial y emocional compleja, multidimensional, que abarca percepciones, emociones y comportamientos en respuesta al propio dolor.


Entre un 50% y un 80% de la población mayor de 65 años sufre dolor.


Definimos como dolor crónico aquel con una duración superior a entre tres y seis meses desde su aparición, o bien que se extiende más allá del periodo de curación de una lesión tisular, o bien que está asociado a una condición médica crónica.


La prevalencia del dolor crónico en la población mayor de 65 años oscila entre el 25% y el 76% en la comunidad y aumenta al 93% en la población institucionalizada en residencia.


 


Valoración del dolor


 


1. Causa


Es imprescindible conocer cuál es el origen del dolor para poder realizar una correcta aproximación terapéutica: «Para tratar hay que diagnosticar». Si estamos ante un dolor nuevo, que no ha sido evaluado por un profesional médico previamente, lo primero que debemos hacer es acudir a nuestro profesional médico de referencia para consultarle.


 


2. Localización e irradiación


Es importante distinguir si se trata de un dolor bien localizado («a punta de dedo») o si, por el contrario, se trata de un dolor difuso («con la palma de la mano»).


Asimismo, es importante observar si el dolor queda en la localización original o si se irradia de alguna forma concreta a zonas próximas.


 


3. Características


En función de sus características, distinguimos tres tipos de dolor a grandes rasgos:


 


            3.1. Dolor somático: se trata de un dolor bien localizado («a punta de dedo») y difícilmente        irradiado, de características mecánicas (empeora con el movimiento), relacionado     normalmente con un daño tisular concreto en el aparato locomotor (músculos, huesos,   articulaciones). Es el dolor de cuando nos damos un golpe o el que se asocia a la artrosis.


 


            3.2. Dolor visceral: se trata de un dolor mal localizado («con la palma de la mano»), que se puede         irradiar a zonas próximas y que puede aparecer en forma de pinchazo, quemazón o retortijón (si           afecta a una víscera hueca). Es el dolor que aparece cuando hay una infección de orina.


 


            3.3. Dolor neuropático: se trata de un dolor mal localizado («con la palma de la mano»), muy     frecuentemente irradiado y que aparece en forma de pinchazo, latigazo eléctrico,           quemazón… Es el dolor que aparece cuando hay un herpes cutáneo.


 


4. Intensidad


El dolor es un síntoma, y esto quiere decir que la forma de medir su intensidad es subjetiva, depende totalmente de la percepción de la persona que lo sufre.


La escala más validada y utilizada en la valoración de la intensidad es la escala visual analógica (EVA), que valora numéricamente el dolor del 0 al 10, en que el 0 representa la mínima intensidad y el 10 representa la máxima intensidad percibida. Así, clasificamos el dolor como:


           


            – Leve: valores EVA del 0 al 2.


            – Moderado: valores EVA del 3 al 7.


            – Intenso: valores EVA del 8 al 10.


 


5. Impacto


El dolor tiene un claro impacto físico que se traduce en una afectación de la funcionalidad del paciente (con dolor podemos hacer menos cosas), lo cual conlleva un impacto emocional de intensidad variable que, a su vez, puede comportar una variación de las necesidades sociales de la persona y afectar a su calidad de vida.


Es decir, que el dolor no solo se debe medir de forma física, sino que se han de tener en cuenta todas las implicaciones biopsicosociales (físicas, psicológicas, sociofamiliares) que se deriven de un mal control del dolor.


 


 


Recomendaciones


 


1. Se recomienda consultar al profesional médico de referencia ante cualquiera de las siguientes situaciones:


– Dolor agudo de intensidad EVA superior a 3 puntos que no haya sido asociado a un diagnóstico previamente.


– Dolor agudo de características neuropáticas, independientemente de cuál sea su intensidad.


– Dolor crónico que haya incrementado en 3 o más puntos la escala de valoración EVA durante la última semana.


– Dolor que se asocie a signos de alarma de un proceso crónico intercurrente, que genere malestar generalizado del paciente o que se asocie a otros síntomas: fiebre, diarrea, tos, expectoración, cansancio, falta de aire…


 


2. Ante cualquier dolor de nueva aparición y de intensidad moderada a intensa, se recomienda establecer cuál es la causa para poder realizar un correcto tratamiento. Se recomienda no automedicarse y consultar con el médico de referencia.


 


3. El objetivo del tratamiento de cualquier dolor es alcanzar una valoración EVA de entre 0 y 2 puntos (dolor leve), siempre y cuando sea posible. No es necesario convivir con el dolor, existen muchas herramientas para realizar un correcto diagnóstico e iniciar un tratamiento adecuado.


 


4. Es necesario un abordaje biopsicosocial del dolor por las implicaciones funcionales, psicológicas y sociofamiliares que se asocian al dolor crónico.